
Foto: Foto: Pablo Porciuncula / AFP
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, evalúa con cautela la invitación enviada por su homólogo de Estados Unidos, Donald Trump, para integrar un nuevo “Consejo de Paz”, una iniciativa impulsada desde la Casa Blanca que busca reunir a un grupo de países para abordar conflictos internacionales, entre ellos la guerra en la Franja de Gaza.
De acuerdo con reportes de la prensa brasileña, las primeras valoraciones dentro del Palacio de Planalto son críticas y apuntan a que la propuesta, tal como está planteada, podría concentrar poder en Washington, debilitar el multilateralismo y generar tensiones diplomáticas entre Brasil y EUA.
Resistencia en Planalto ante el diseño del Consejo de Paz
Fuentes del gobierno brasileño señalan que la carta enviada por Trump fue recibida el viernes pasado y que, desde entonces, el entorno de Lula ha expresado reservas sobre la estructura y el funcionamiento del consejo.
La principal inquietud es que el órgano estaría presidido por Trump, quien definiría tanto la agenda como los países que integrarían el grupo, lo que, a juicio de asesores presidenciales, dejaría un margen reducido de maniobra al resto de los participantes.
Además, el documento plantea un marco de actuación amplio y poco definido, lo que permitiría al consejo intervenir en distintos conflictos internacionales sin criterios claros ni límites precisos.
Preocupación por un posible choque con la ONU
Otra de las objeciones centrales del gobierno brasileño es que el Consejo de Paz propuesto por Trump podría superponerse al Consejo de Seguridad de la ONU, que actualmente concentra la legitimidad internacional para la gestión de conflictos armados.
Desde Planalto, la lectura predominante es que la iniciativa estadounidense podría debilitar los mecanismos multilaterales existentes y alterar los equilibrios diplomáticos que Brasil ha defendido históricamente en foros internacionales.
Lula aún no define su postura final
Este lunes, Lula sostuvo una reunión con el ministro de Relaciones Exteriores, Mauro Vieira, para analizar el contenido del documento y las implicaciones políticas, diplomáticas y financieras de aceptar el convite de Washington.
De acuerdo con información de Globo G1, fuentes del Ejecutivo señalan que el presidente brasileño aún no ha tomado una decisión definitiva y ha instruido a su equipo a realizar consultas internas y con otros países antes de responder formalmente a la Casa Blanca.
“Nada de eso está claro”, señaló un diplomático brasileño al referirse a los objetivos concretos del consejo, los países que finalmente lo integrarían, las posiciones que sostienen sobre la guerra en Gaza y los posibles costos derivados de las decisiones que se adopten.
El contexto de Gaza y las tensiones con Israel
La evaluación del Consejo de Paz se produce en un contexto de distanciamiento diplomático entre Brasil e Israel. En discursos públicos, Lula ha sido uno de los líderes más críticos de la ofensiva israelí en la Franja de Gaza.
En declaraciones previas, el mandatario brasileño ha acusado al gobierno de Benjamin Netanyahu de cometer actos de “genocidio” contra el pueblo palestino y de intentar aniquilar su derecho a constituirse como nación.
Por su parte, el canciller Mauro Vieira ha calificado las acciones militares israelíes como una “carnificina” y ha advertido que, si bien Israel tiene derecho a defender a su población, los ataques contra civiles en Gaza “ya han superado hace mucho tiempo cualquier límite de proporcionalidad”.
Una iniciativa aún en construcción
De acuerdo con la Casa Blanca, el Consejo de Paz impulsado por Trump se encuentra todavía en fase de desarrollo. Además de Brasil, también fueron invitados países como Argentina, Canadá, Paraguay, Turquía y Egipto.
Washington sostiene que el consejo abordará temas como el fortalecimiento de la gobernanza, la reconstrucción, la atracción de inversiones y la movilización de financiamiento a gran escala en zonas afectadas por conflictos.
Sin embargo, en Brasil persisten las dudas sobre su funcionamiento, su legitimidad internacional y su impacto en la relación bilateral con EUA, en un momento en el que el gobierno de Lula busca preservar su margen de autonomía diplomática sin romper canales de diálogo con Washington.


